Los biocombustibles se producen a partir de materias primas de origen agrícola como la caña de azúcar, el fríjol de soya, el aceite de palma y el de maíz; o a partir de desechos orgánicos, como el estiércol de vaca.
Los biocombustibles más utilizados son el etanol, un alcohol que puede mezclarse con gasolina en cantidades variables para reducir o sustituir el consumo de combustibles derivados del petróleo en los automóviles, y el biodiesel, utilizado principalmente en maquinaria agrícola. A escala mundial, el etanol representa un 90% del biocombustible producido. El 10% restante corresponde a biodiesel.
La producción de etanol, hecho de azúcar o de almidón, se duplicó de su nivel en el año 2000 y la producción de biodiesel, producido a partir de oleaginosas como soya, girasol, colza y palma, se triplicó en el mismo periodo.
¿Opción viable?
Tanto en la esfera política, como en algunos círculos científicos, se consideran los biocombustibles como una fuente limpia y renovable de energía. Gracias a los altos precios del petróleo y los altos subsidios, Estados Unidos parece decidido a orientar su política energética hacia los biocombustibles; pero el suministro de maíz requerido para mantener en marcha la producción de etanol es tan grande, que el precio del maíz, y el de otros alimentos básicos, se está disparando en todo el mundo. Por otra parte, no parece viable la sustitución total de los combustibles derivados del petróleo mediante biocombustibles. Los biocombustibles son una solución energética a pequeña escala, pero nada más.
De hecho, aun cuando toda la cosecha de maíz de los Estados Unidos se utilizara para producir etanol, ese combustible solo sustituiría el 12 por ciento del consumo actual de gasolina de los Estados Unidos.
El beneficio ambiental también parece ser más aparente que real. Daniela Russi, investigadora del Instituto de Ciencia y Tecnología del Medio Ambiente de la Universidad de Barcelona, ha declarado que un análisis más detallado del ciclo de vida del biodiesel revela que el ahorro de energía y de CO2 no es tan alto como se piensa, y que incluso podría ser negativo.
Con respecto al etanol, durante la cosecha se quema alrededor del 70% de la caña en Sao Paulo, motor de etanol en Brasil, y esta proporción es aún mayor en el resto de ese país. La práctica brasileña de quema para facilitar la cosecha del producto que convierte a Brasil en el primer productor del mundo del combustible ecológico, provoca grandes humaredas que a su vez generan gran cantidad de dióxido de carbono (CO2), revirtiendo así el efecto positivo del uso de etanol sobre el efecto invernadero, según diversos expertos.
La economía de los biocombustibles
Las grandes economías, principalmente la de los Estados Unidos, mantienen a flote la industria de los biocombustibles en forma artificial a través de subsidios. A pesar de que el precio del petróleo se ha mantenido en niveles muy altos en los últimos años, mejorando en forma natural la posición competitiva del etanol, en los Estados Unidos los subsidios directos al maíz llegaron a los 8 900 millones de dólares en 2005. Además, el gobierno federal otorga a los mezcladores de etanol una exención tributaria de 51 centavos por galón de etanol producido y muchos estados pagan subsidios adicionales.
La Comisión Europea está empleando medidas y directrices legislativas para fomentar la producción del biodiesel, fundamentalmente en Europa, a partir de oleaginosas. En 2005, la Unión Europea produjo 3 370 millones de litros, más del 80 por ciento del total mundial. Con subvenciones directas e indirectas, la política agrícola de la Unión Europea también estimula la producción de etanol a partir de una combinación de remolacha azucarera y de trigo.
Brasil actualmente produce aproximadamente la misma cantidad de etanol que los Estados Unidos y lo extrae casi en su totalidad de la caña de azúcar. El gobierno ha ofrecido incentivos, ha establecido normas técnicas y ha invertido en tecnologías de apoyo y en la promoción del mercado. Además ha exigido que la industria automotriz produzca motores que puedan usar biocombustibles y ha elaborado estrategias de amplio alcance para promover la industria y el uso de la tierra.
Otros países también se están sumando al uso del biocombustible. En Asia se están desmontando y quemando inmensas áreas de selva tropical para sembrar palmas de aceite destinadas a la conversión en biodiesel.
El efecto del precio del petróleo
La demanda de petróleo continúa subiendo con mayor rapidez que los suministros y la explotación de nuevas fuentes resulta a menudo muy costosa. Como resultado se observa una presión alcista en los precios, lo que podría permitir a los productores de etanol y biodiesel pagar mucho más por el maíz o las semillas oleaginosas. Mientras más altos sean los precios del petróleo, más pueden subir los del etanol, (en tanto se mantenga competitivo) y más se podrá pagar por el maíz.
En los Estados Unidos, el crecimiento de la industria del etanol ha dado lugar a incrementos no sólo en los precios del maíz, las oleaginosas y otros granos, sino también en los precios de cultivos y productos sin relación directa con esta industria. El uso de la tierra para cultivar el maíz está reduciendo el área destinada a otros cultivos. Los procesadores de alimentos que utilizan cultivos como los guisantes y el maíz tierno se han visto obligados a pagar precios más altos para mantener los suministros seguros; costo que a la larga, pasará a los consumidores.
Otros efectos económicos
El aumento de los precios también está golpeando las industrias ganaderas y avícolas. Los costos más altos de los alimentos para el ganado, han provocado la caída abrupta de la rentabilidad, en especial en los sectores avícola y porcino. Si la rentabilidad continúa disminuyendo, la producción también lo hará y aumentarán los precios del pollo, pavo, cerdo, leche y huevos.
Los defensores del etanol a base de maíz argumentan que puede incrementarse la superficie cultivada y los rendimientos para satisfacer la demanda en ascenso del etanol.
En la medida que se siembren más hectáreas de maíz, habrá que quitar terreno a otros cultivos, o sembrar en zonas frágiles desde el punto de vista ambiental. En cuanto al aumento en el rendimiento, incluso si se duplicaran los resultados históricos del incremento en el rendimiento de los últimos 10 años, no se alcanzaría a satisfacer la demanda actual.
También se observan presiones especulativas. Los precios están subiendo porque muchos compradores piensan que van a subir. Los fondos de cobertura están haciendo enormes apuestas al maíz y al mercado alcista desatado por el etanol.
Cierto que el etanol ha creado oportunidades para el sector agroindustrial y que los especuladores y algunos granjeros obtienen enormes ganancias: pero también ha alterado los flujos tradicionales de los productos básicos y los patrones del comercio y el consumo, dentro y fuera del sector agrícola.
Pero también hay problemas en un escenario en el que los precios del petróleo llegaran a bajar. Por ejemplo, con un precio del barril de petróleo a 30 dólares, la producción de etanol solo sería rentable si el maíz se vendiera a menos de 2 dólares el quintal. Eso significaría un retorno a los tiempos de los bajos precios para los granjeros estadounidenses. Las instalaciones industriales de etanol que no contaran con el capital suficiente para llevar a cabo sus operaciones, estarían en peligro y las cooperativas propiedad de los granjeros serían especialmente vulnerables. Las solicitudes de subsidios y ventajas fiscales serían mayores de lo que son ahora y se clamaría por el rescate masivo de una industria obesa. En ese caso, las grandes inversiones que se hubieran hecho en biocombustibles comenzarían a verse como una apuesta fallida.
Consecuencias para los países más pobres y para México
Los biocombustibles pueden tener efectos todavía más devastadores en el resto del mundo, sobre todo en los precios de los alimentos básicos. Si el precio del petróleo se mantiene elevado, los sectores más vulnerables a las alzas de precio provocadas por la fiebre de los biocombustibles estarán en los países afectados por la escasez de alimentos y de importaciones de petróleo. El riesgo es común para una buena parte del mundo subdesarrollado. De acuerdo con el reporte de la FAO en 2005, la mayoría de los 82 países de bajos ingresos afectados por el déficit de alimentos también constituyen importadores netos de petróleo.
México, a pesar de ser uno de los grandes exportadores de petróleo, no pudo eludir las consecuencias de los incrementos de los precios de los alimentos. A finales del año pasado, el precio de la harina para tortillas, se duplicó en parte a causa del aumento de los precios del maíz estadounidense de 2.80 a 4.20 dólares el quintal, ya que el 80% de las importaciones de este grano, provienen de los Estados Unidos. Los precios se elevaron pese a que las tortillas se elaboran fundamentalmente con el maíz blanco que se cultiva en México, porque los consumidores industriales del maíz amarillo importado, que se emplea en la elaboración de piensos y alimentos procesados, comenzaron a comprar la variedad blanca más barata.
El repentino aumento se exacerbó a causa de la especulación y el acaparamiento. Puesto muchos millones de mexicanos viven en la pobreza y tienen en las tortillas su principal fuente de calorías, las protestas no se hicieron esperar. En enero de este año, el presidente Felipe Calderón se vio obligado a fijar un tope a los precios de los productos derivados del maíz.
En conclusión
La idea del etanol y del biodiesel como alternativa ecológica a los combustibles fósiles reafirma la quimera de la independencia energética y es una idea que puede resultar peligrosa al fomentar un falso optimismo de que se cuenta con una solución tecnológica para resolver el problema de la dependencia de los combustibles fósiles. La única manera de atacar este problema es con un enfoque integral, que incida en la modificación en los patrones de consumo y dispendio energético y en la diversificación de fuentes de energía. Los biocombustibles no son la solución a los problemas energéticos mundiales. Presentarlos de esa manera a la opinión pública únicamente disfraza el problema, en lugar de solucionarlo.
También deberá considerarse el impacto que tienen estas estrategias sobre los precios de los alimentos para evitar condenar al hambre a millones de personas. Otro supuesto que debe cuestionarse seriamente es su contribución potencial a combatir el cambio climático, ya que la mayoría de estudios muestran que la emisión de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera en el proceso de fabricación, desde la siembra hasta la destilación del etanol, es similar a la de la gasolina.
El impacto ambiental de los biocombustibles, considerando la devastación de bosques y selvas y el uso de pesticidas y fertilizantes puede tener consecuencias desastrosas.
Popularity: 29% [?]


