Cuando el capitalismo se dio cuenta de que el sistema económico y el sistema financiero funcionaban sin la intervención gubernamental, la acumulación de riqueza se fue concentrando hasta hacer países ricos que desarrollaban innovaciones tecnológicas y tenían un nivel de bienestar muy alto, y países pobres que necesitaban vender sus materias primas y depender de las importaciones que hacían los países ricos.
Las relaciones entre los agentes económicos crearon tal desigualdad que el gobierno se vio en la necesidad de intervenir los mercados y las relaciones laborales para equilibrar la distribución de la riqueza sin conseguirlo. Esto provocó que el aparato gubernamental interviniera cada vez más y más en la economía y que esta intervención fuera ineficiente.
Los dueños de las empresas comenzaron a tener relaciones de conveniencia con los funcionarios gubernamentales y se dieron cuenta de que permisos, concesiones, derechos, menor pago de impuestos, etc., eran muy fáciles de obtener a cambio de una compensación económica. Las empresas entonces tuvieron cada día más y más de este tipo de convenios no solo con los funcionarios gubernamentales, sino también entre empresas, pues la vida se simplificaba con esta práctica de corrupción.
Estos pagos fueron cada vez más y más grandes hasta el punto de convertirse en un problema social y cultural, como en el caso de México. El problema de la corrupción se salió de control y ahora es ya un problema económico tanto para las empresas como para el gobierno.
Ahora el capitalismo se ha dado cuenta que el costo de la corrupción es muy alto y que eso entorpece la acumulación de riqueza de las empresas y los individuos. Y sabe que la mejor forma de salir de un círculo perverso como este es a través del convencimiento y el examen de conciencia.
Las prácticas económicas y empresariales éticas son la mejor forma que tiene el capitalismo para convencernos que si se defrauda, se roba, se hace trampa o se miente, no solo se le falla al sistema económico sino también a una serie de valores de nuestra cultura.
Las empresas en el capitalismo dicen que lo que más le conviene a las personas es ser ético. Si las necesidades de las empresas nos llevan ahora a tener códigos o normas de comportamiento profesional y de comportamiento privado, lo que en realidad nos están haciendo cumplir son normas morales.
Estas normas morales, y no la ética, están haciendo que ahora las personas autorregulen su comportamiento. El interés de que esto suceda, es un interés económico para las empresas, pues el costo de la corrupción es muy alto. Las empresas nos dicen cada vez más a menudo que si una persona atiende a un código profesional y se da cuenta que si roba, defrauda o si se corrompe, no solo se hace daño como persona, le hace daño a la empresa que lo emplea y le hace daño a la economía y al país.
Esto se convierte en una suerte de filosofía barata del capitalismo. Las personas deben tener una ética porque es lo que les conviene a cada uno, y no lo que le conviene a la empresa ni a la economía en general. Muchas de las empresas socialmente responsables, apelan a este tipo de códigos y conductas morales de sus empleados para maximizar su beneficio económico y disminuir sus costos.
La economía tiene una dinámica dictada por los mercados y estos mercados los hacen funcionar personas como usted y como yo. Cada uno de nosotros tiene una serie de valores culturales, sociales e históricos que nos hacen tomar decisiones en función de nuestro propio beneficio individual. Cuando nuestro beneficio individual es mayor que el beneficio colectivo es cuando las empresas deciden que seamos éticos. Pero el ser ético no debe provenir de una empresa, nadie debería dictarnos esos valores. Para eso debemos apelar a la inteligencia.
Como diría la maestra A. Forte: La inteligencia es el arte de saberte manejar en la realidad. Debemos ser inteligentes para tomar acciones éticas frente a nuestra realidad económica. Debemos ser éticos porque eso es benéfico para nosotros y no porque ser ético sea benéfico para la empresa, para la economía y para el país.
Eduardo Carbajal es Director del Departamento de Finanzas y Economía del Tecnológico de Monterrey, Campus Estado de México. Su correo es edcarbaj@itesm.mx
Popularity: 31% [?]

